EXPERIENCIA NIÑOS TUMBA VACIA
GENIALLY HISTORIA 4 PERSONAJES BUSCAN SABER QUE HA PASADO EN JERUSALÉN
PELÍCULA EL HOMBRE QUE HACÍA MILAGROS PASIÓN Y MUERTE
ORACIÓN DE PASCUA
Las apariciones del Resucitado
Guía para la acompañante
Evangelio: Juan 20, 19-31
Duración aproximada: 1 hora
1. Sentido del encuentro
Este encuentro quiere ayudar a vivir la Pascua no como una idea, sino como una
experiencia de fe. Jesús Resucitado entra en nuestras puertas cerradas y nos regala paz,
alegría y una fe más honda, como a Tomás.
La finalidad no es hacer una charla ni dar muchas explicaciones, sino conducir una
experiencia orante en la que cada mujer pueda reconocerse en el Evangelio, dejarse
encontrar por el Resucitado y acoger sus dones: presencia, paz, alegría, misión, Espíritu
Santo y perdón.
2. Hilo conductor
Jesús Resucitado entra en nuestras puertas cerradas y nos regala paz, alegría y una fe
más honda.
3. Preparación del espacio
Prepara un pequeño centro sencillo:
una vela encendida
una Biblia abierta en Jn 20,19-31
una tela blanca o dorada
si se desea, una cruz pequeña o un icono del Resucitado
papelitos y bolígrafos para el gesto simbólico
Puede ayudar una música instrumental suave mientras llegan.
4. Esquema general de la sesión
0:00–0:05 Acogida, ambientación y oración inicial
0:05–0:09 Canto inicial
0:09–0:13 Introducción pascual
0:13–0:19 Secuencia o eco pascual
0:19–0:25 Proclamación del Evangelio
0:25–0:33 Silencio guiado y contemplación
0:33–0:41 Breve iluminación catequética
0:41–0:51 Diálogo orante en grupo
0:51–0:56 Gesto simbólico
0:56–1:00 Peticiones, acción de gracias, Padre nuestro y canto final
DESARROLLO DE LA SESIÓN
5. Acogida y ambientación inicial (5 minutos)
Monición de entrada
“Hoy nos reunimos al terminar la octava de Pascua para dejarnos encontrar por Jesús
Resucitado. Venimos con nuestras alegrías y también con nuestras puertas cerradas.
Como hizo con los discípulos y con Tomás, Él viene a ponerse en medio.”
Oración inicial
“En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesús, Resucitado y vivo, ponte en medio de nosotras.
Entra en nuestras noches, en nuestros miedos y en nuestras dudas.
Danos tu paz, tu alegría y la gracia de creer más profundamente.
Amén.”
6. Canto inicial (4 minutos)
Se puede elegir un canto pascual sencillo y gozoso.
Recomendación
“En verdad resucitó el Señor”
Otras posibilidades
“Aleluya, el Señor resucitó”
Se sugiere comenzar con un canto claramente pascual que ayude a entrar en la alegría
del tiempo litúrgico.
7. Introducción pascual (4 minutos)
Texto para decir la acompañante
“En Pascua celebramos que Cristo ha vencido la muerte. Y esa victoria no se queda
lejos: se hace presente cuando alguien se levanta, cuando vuelve la esperanza, cuando
una herida empieza a sanar, cuando el Evangelio nos hace más valientes. Hoy queremos
abrirnos a esa presencia del Resucitado que sigue vaciando sepulcros en nuestra vida.”
8. Secuencia o eco pascual (6 minutos)
Se puede tomar una parte de la secuencia de Pascua y leerla despacio.
Propuesta
“Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!”
Indicación
Después de leerla, se deja un breve silencio y se invita a repetir interiormente la frase
que más haya tocado a cada una.
La acompañante puede decir:
“Vamos a dejar un momento de silencio. Cada una repita por dentro la frase que más le
toque hoy.”
Tras el silencio, quien lo desee puede decir en voz alta una sola palabra o una frase
breve:
“vida”, “esperanza”, “victoria”, “mi amor y mi esperanza”…
9. Proclamación del Evangelio (6 minutos)
Texto
Juan 20,19-31
Puede proclamarlo una de las participantes.
Monición antes del Evangelio
“Escuchemos esta Palabra como una palabra para nosotras hoy. No como algo del
pasado, sino como una visita del Resucitado a nuestra comunidad.”
Al terminar:
“Palabra del Señor.”
10. Silencio guiado y contemplación (8 minutos)
En este momento conviene no pasar enseguida al comentario. Primero se ayuda a
contemplar.
Guion breve de contemplación
“Cierra los ojos un momento.
Mira la casa cerrada.
Mira a los discípulos con miedo.
Mira entrar a Jesús.
Escucha cómo dice: ‘Paz a vosotros’.
Mira sus manos y su costado.
Mira a Tomás.
Escucha: ‘No seas incrédula, sino creyente’.
Y deja que brote en ti esta respuesta: ‘Señor mío y Dios mío’.”
Se dejan pequeños silencios entre frase y frase.
Conclusión
“Pregúntate en el corazón: ¿qué palabra del Resucitado necesito yo hoy?”
11. Breve iluminación catequética (8 minutos)
Meditación breve para compartir
“Este Evangelio nos muestra que Jesús Resucitado no se aparece para impresionar, sino
para regalar dones.
Primero, su presencia: entra y se pone en medio. No espera a que todo esté bien para
venir.
Luego, la paz: no una tranquilidad superficial, sino la paz profunda que rehace por
dentro.
Después, la alegría: los discípulos se llenan de alegría al ver al Señor.
Y enseguida la misión: ‘Como el Padre me envió, así os envío yo’. La Pascua nunca nos
encierra, nos envía.
Luego viene el Espíritu Santo: Jesús sopla vida nueva sobre su comunidad.
Y también el perdón: el Resucitado inaugura un mundo nuevo donde la herida no tiene
la última palabra.
Y en Tomás descubrimos algo precioso: Jesús no rechaza su duda; entra en ella y la
transforma en una confesión de fe: ‘Señor mío y Dios mío’.”
Frase final
“Por eso, hoy no venimos a demostrar que creemos mucho, sino a dejarnos encontrar
por Jesús vivo.”
12. Diálogo orante en grupo (10 minutos)
Introducción para este momento
“Ahora vamos a dejarnos ayudar por unas preguntas. No están para responder bien, sino
para orar desde la vida. Cada una puede compartir, si lo desea, desde lo que está
viviendo hoy. Lo importante no es decir mucho, sino dejarnos tocar por el Resucitado.”
Sentido de las preguntas
Estas preguntas siguen un camino muy sencillo:
primero miramos nuestras noches y miedos;
después reconocemos qué hace Jesús cuando entra en ellas;
y finalmente recordamos que no caminamos solas, sino en comunidad.
Pregunta 1
¿Qué miedo, herida o noche traigo hoy delante del Resucitado?
Explicación para la acompañante
En el Evangelio, los discípulos están con las puertas cerradas por miedo. Jesús no
espera a que desaparezca el miedo para hacerse presente, sino que entra precisamente
ahí, en medio de la noche, del encierro y de la fragilidad.
La palabra “noche” no significa solo un sufrimiento muy grande. También puede ser
cansancio interior, tristeza, sequedad espiritual, incertidumbre, preocupación por la
familia, heridas del pasado, culpa, miedo al futuro o dudas en la fe.
Cómo presentarla al grupo
“Esta primera pregunta nos invita a mirar con sinceridad dónde estamos hoy. Igual que
los discípulos tenían miedo y estaban encerrados, también nosotras podemos tener
puertas cerradas por dentro. Puede ser una preocupación, una herida, una soledad, una
duda, un cansancio o una situación que nos roba la paz. La Pascua comienza
precisamente ahí: dejando que Jesús entre en nuestras noches.”
Si hace falta reformular
“¿Qué tengo hoy cerrado por dentro?”
“¿Qué miedo o qué noche traigo hoy delante del Señor?”
Si el grupo se queda en silencio
Se puede sugerir suavemente:
miedo por un hijo o por la familia
tristeza o desánimo
sensación de soledad
una herida que no termina de cerrar
una culpa
una duda de fe
cansancio espiritual
Pregunta 2
¿Qué don del Resucitado necesito más hoy: paz, alegría, perdón, Espíritu, misión o fe?
Explicación para la acompañante
Esta pregunta nace del Evangelio mismo. Jesús entra y se pone en medio; regala la paz;
llena de alegría a los discípulos; los envía; sopla sobre ellos el Espíritu Santo; y les
confía el perdón.
Conviene ayudar al grupo a entender que no se trata de haber vivido algo extraordinario.
Muchas veces la presencia del Resucitado se reconoce en cosas sencillas pero
profundas: una paz inesperada, una fuerza para seguir, un deseo de perdonar, un impulso
de servir, una palabra del Evangelio que sostiene, una nueva esperanza.
Cómo presentarla al grupo
“Esta pregunta nos ayuda a descubrir si Jesús Resucitado está actuando de verdad en
nuestra vida. No hace falta pensar en cosas espectaculares. A veces su presencia se nota
en una paz más honda, en una alegría serena, en la fuerza para seguir adelante, en el
deseo de perdonar, en ganas de rezar o en el impulso de servir a otros. El Resucitado
siempre deja huella.”
Ayuda para profundizar
Presencia: “¿He experimentado que Jesús está conmigo, aunque no lo vea?”
Paz: “¿Hay alguna situación en la que el Señor me esté regalando calma interior
o confianza?”
Alegría: “¿He recibido alguna alegría profunda, distinta de la simple diversión?”
Misión: “¿Siento que el Señor me envía a acompañar, servir, sostener o cuidar a
alguien?”
Espíritu Santo: “¿He notado una fuerza, una luz o una valentía que no venían
solo de mí?”
Perdón: “¿Dónde necesito sentirme perdonada? ¿Dónde me está pidiendo el
Señor perdonar?”
Si hace falta reformular
“¿Qué don del Resucitado necesito más hoy?”
“¿Qué regalo de Jesús reconozco ya en mi vida?”
Pregunta 3
¿Cómo me ayuda la comunidad a seguir creyendo y perseverando?
Explicación para la acompañante
Esta pregunta ayuda a descubrir que la fe no se sostiene solo en solitario. Jesús se
aparece a los discípulos reunidos. Y Tomás, que no estaba la primera vez, encuentra al
Señor cuando vuelve a estar con la comunidad.
Es importante subrayar que la comunidad no es solo “venir a una reunión”, sino dejarse
acompañar, compartir la fe, sostenerse unas a otras, rezar juntas y no aislarse.
Cómo presentarla al grupo
“Esta tercera pregunta nos recuerda que Jesús Resucitado se hace presente en medio de
la comunidad. Tomás encuentra al Señor cuando vuelve a estar con los demás. También
nosotras necesitamos una comunidad que nos sostenga, nos anime, nos escuche y nos
ayude a perseverar. La fe crece mejor cuando se comparte.”
Si hace falta reformular
“¿Qué lugar ocupa la comunidad en mi camino de fe?”
“¿Me dejo sostener por la fe de las demás o intento vivirlo todo sola?”
Para profundizar un poco más
“A veces estamos acostumbradas a sostener a todos, pero no siempre nos dejamos
sostener. Esta pregunta nos invita también a reconocer cómo la comunidad puede ser
regalo de Dios para nosotras.”
Indicaciones para la acompañante durante el compartir
No hace falta comentar cada intervención. Basta con acoger, agradecer y, de vez en
cuando, recoger con frases breves como estas:
“Ahí también entra Jesús.”
“Eso también puede ser lugar de Pascua.”
“El Resucitado no se escandaliza de nuestras heridas.”
“Las puertas cerradas no impiden la entrada del Resucitado.”
Frase para recoger lo compartido
“Hoy hemos visto que la Pascua no empieza cuando desaparecen todos los problemas,
sino cuando Jesús entra en medio de ellos. En nuestras noches, Él trae paz. En nuestras
dudas, Él trae fe. En nuestra soledad, Él nos regala la comunidad. Y con Tomás también
nosotras podemos decir: ‘Señor mío y Dios mío’.”
13. Gesto simbólico (5 minutos)
Se reparten papelitos pequeños.
Indicación
“Escribe en una cara una palabra que represente tu puerta cerrada o tu herida. Y, en la
otra, la palabra que hoy recibes del Resucitado.”
Ejemplos
miedo / paz
soledad / presencia
culpa / perdón
tristeza / alegría
duda / fe
Después, una a una, pueden acercarse a dejar el papel junto a la Biblia o la vela y decir
en voz alta, si quieren:
“Señor mío y Dios mío.”
14. Peticiones y acción de gracias (4 minutos)
Introducción
“Presentemos al Resucitado lo que necesita paz en nosotras, en nuestras familias, en la
Iglesia y en el mundo.”
Fórmulas sencillas
“Te damos gracias, Señor, porque…”
“Te pedimos, Señor, por…”
Al final:
“Recogemos todo con la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro.”
15. Canto final y envío (4 minutos)
Recomendación
“Señor mío y Dios mío”
También puede repetirse el canto inicial si el grupo lo prefiere.
Oración final
“Jesús Resucitado, quédate con nosotras.
Entra en nuestras casas, en nuestras heridas y en nuestras dudas.
Llénanos de paz, de alegría, de comunión y de misión.
Amén.”
16. Claves para la acompañante
No presentar la alegría pascual como euforia.
Subrayar que Jesús entra justamente en medio del miedo.
No forzar a nadie a hablar.
Cuidar silencios reales.
Ayudar a pasar de la duda al encuentro, como en Tomás.
Mantener un tono cálido, sereno y creyente.
Frases que pueden servir durante la sesión
“Jesús no espera a que todo esté en orden para venir.”
“La Pascua empieza muchas veces en medio del miedo.”
“Tomás no es el malo del grupo; es un discípulo herido al que Jesús sale al encuentro.”
“La fe adulta no siempre es una fe sin preguntas, pero sí una fe que se deja visitar.”
“La alegría cristiana nace del encuentro, no del esfuerzo.”
“Quien se sabe alcanzada por el Resucitado, también es enviada.”
17. Cierre
La clave de todo el encuentro es esta:
la Pascua no niega las heridas; las atraviesa.
Jesús Resucitado entra en la noche, trae paz, devuelve la alegría, regala su Espíritu y
transforma la duda en adoración.
MIRAR CON LOS OJOS DE LA FE
Experiencia entrar en la tumba vacía
Que los niños descubran que Jesús ha resucitado y está vivo hoy, caminando con ellos.
Lee de forma sencilla el pasaje de los discípulos de Emaús (adaptado).
👉 Idea clave para decirles:
“Los amigos de Jesús estaban tristes… pero Jesús se acercó y caminó con ellos, aunque no lo reconocieron.”
Diles:
“Imagina que Jesús resucitado camina a tu lado… aunque no lo veas.”
Haz pausas y guía:
Algunos pueden decir:
Diles:
“La luz de Jesús está en ti. Él vive en tu corazón.”
Pueden responder:
👉 “¡Jesús vive!”
Puedes hacerla en eco (repiten):
Jesús, estás vivo
Gracias por quedarte conmigo
Ayúdame a sentirte cerca
Y a vivir como Tú
Amén
Muy concreto:
👉 “Esta semana voy a recordar que Jesús está conmigo cuando esté triste o solo.”
Que experimenten que la Resurrección de Jesús no es solo una idea, sino pasar de la oscuridad a la vida, hoy.
👉 Diles: “Hoy vamos a vivir algo… no solo escucharlo.”
Diles que cierren los ojos.
Guía lentamente:
“Imagina que todo te va mal…
que has perdido algo importante…
que estás solo…
que tienes miedo…”
(Pausa de silencio real, 20–30 segundos)
Luego preguntas:
👉 Conecta: “Así estaban los amigos de Jesús.”
Enseña la piedra.
Explica:
👉 “Esta piedra representa todo lo que pesa: miedo, tristeza, pecado, problemas…”
Ahora hazles participar:
En silencio…
👉 Enciende la vela.
Di con fuerza pero despacio:
“Pero… al tercer día…
la piedra fue removida.Jesús…
está vivo.”
(Pausa)
👉 Mueve físicamente la piedra.
Pasa la vela (o velitas pequeñas si tienes).
Cada niño completa en voz alta o en silencio:
👉 “Jesús, ayúdame a pasar de ______ a ______”
(Ejemplo: de miedo a confianza, de tristeza a alegría…)
Todos juntos:
“Jesús, creemos que estás vivo.
Entra en nuestra vida.
Quita nuestras piedras
y llénanos de tu luz. Amén.”
Dales algo claro:
👉 “Esta semana, cuando sientas una ‘piedra’, recuerda: Jesús está vivo… y puede cambiar eso.”
(Pueden escribirlo o dibujarlo)
Aquí estás trabajando:
A menudo nos centramos en el final, pero la clave es el camino. Los discípulos estaban tristes y decepcionados.
Actividad: Divide la clase en parejas. Pídeles que caminen por el aula (o el patio) despacio. Uno debe contarle al otro algo que le haya decepcionado o que no entienda hoy en día (un conflicto, una duda, una injusticia).
La reflexión: "Jesús se acerca cuando estamos peor, aunque no sepamos que es Él".
Jesús no les da una charla aburrida; les explica las Escrituras para que todo cobre sentido.
Dramatización "La Radio de Emaús": En lugar de una obra de teatro clásica, haz un formato de podcast o entrevista. Un alumno hace de Jesús y otros dos de discípulos. Jesús debe explicar por qué era necesario el sufrimiento para llegar a la luz, pero usando lenguaje de hoy (metáforas de esfuerzo, superación o amor).
Dinámica del Corazón: Reparte siluetas de corazones de papel. Mientras escuchan un fragmento del Evangelio con música suave, deben escribir dentro: ¿Qué palabras de Jesús me hacen sentir "fuego" o esperanza hoy?
Es el clímax: el gesto de compartir es lo que rompe la ceguera.
Gesto Vivencial: No necesitas hacer una comunión litúrgica, pero sí un gesto de fraternidad. Consigue un pan grande, bendícelo con una oración sencilla y pídeles que, al partir un trozo para el compañero, le digan algo bueno que vean en él/ella.
El compromiso: Al igual que los discípulos volvieron corriendo a Jerusalén, pregúntales: "Si hoy has reconocido a Jesús en este pan o en este compañero, ¿a quién vas a ir a contárselo?"
Si quieres que hagan una lectura dramatizada, puedes usar este esquema:
Escena 1 (La queja): Dos alumnos caminan cabizbajos. "Pensábamos que todo iba a cambiar, pero todo sigue igual..."
Escena 2 (El encuentro): Entra un tercer alumno (Jesús). No se identifica. Escucha. Pregunta: "¿De qué habláis?"
Escena 3 (El descubrimiento): Se sientan a la mesa. Al partir el pan, los discípulos se quedan congelados (efecto estatua) mientras uno dice en voz alta: "¡Era Él! ¿No sentíamos arder nuestro corazón?"
¿Te gustaría que redactara una oración breve o una meditación guiada específica para cerrar este encuentro de Emaús con tus alumnos?
SAL Y LUZ
Oh Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección, signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la muerte y condenan al justo.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse nunca en sus propios pecados y culpas.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el nombre de la igualdad que tú mismo nos has enseñado.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos y dan de comer a sus hijos pan ensangrentado.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios entregan a la muerte a cualquier persona.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común» que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.
Oh Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe que con su sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo. En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz.
Oh Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del mal y del maligno.
Oh Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las seducciones de la vanidad. Oh grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.
Oh Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche.
Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar.
Amén.
VUELTA SEMANSA SANTA
Imagen proyectada: sepulcro vacío.
Los alumnos responden:
Veo:
Pienso:
Me pregunto:
Mientras ven el video completan una tabla:
| Aparición | Quién aparece | Qué sucede | Qué enseña |
|---|
Dinámica: “Si yo hubiera estado allí…”
Los alumnos completan:
Si hubiera visto a Jesús resucitado yo…
sentiría…
haría…
contaría a otros…
Pregunta detonante:
¿Cómo sabrían hoy las personas que Jesús vive?
Lluvia de ideas.
Los equipos crean un mensaje actual para anunciar la Resurrección.
Opciones:
📱 Reel
🎨 Cartel digital
📜 Carta a un amigo
🎤 Mensaje motivacional
Debe responder:
¿Qué significa que Jesús vive?
¿Qué cambia en nuestra vida?
¿Cómo podemos vivir como resucitados?