Apuntes elaborados por @Carlos_reli
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Pasión, muerte y resurrección de Jesús
è Jesús estuvo predicando durante tres años por toda Palestina y enseñando una nueva doctrina basada
en el amor al prójimo y a Dios Padre. Las autoridades religiosas vieron en Jesús un enemigo muy
peligroso pues cuestionaba la actuación de los fariseos y sacerdotes y tenía un buen número de
seguidores. Jesús llegará a Jerusalén y será aclamado como el Mesías, a partir de este momento y
durante una semana ocurrirá los hechos más importantes de la vida de este gran hombre: la pasión,
la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret.
1. Entrada triunfal en Jerusalén Mt 21, 1-11
Cuando se acercaba Jesús a Jerusalén envió delante a dos de
sus discípulos, diciéndoles: "Id a esa aldea que está ante
vosotros. Allí veréis enseguida una borriquilla atada con su
pollino al lado. Desatadla y traédmela”. Los discípulos fueron y
trajeron la borriquilla con su pollino. Pusieron sobre ellos unas
vestiduras dobladas y Jesús montó encima. Del gentío que
iba en torno a Él, unos desplegaban sus mantos a manera de
alfombras sobre el camino, otros cortaban ramas de olivo y las
esparcían por las calles; todo ello como muestra de su alegría.
Querían recibirlo como a un rey. Lo aclamaban diciendo: "¡Salve al hijo de David, que viene a nosotros en nombre
de Dios! ¡Honor y gloria a Él!". Y al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se impresionó y preguntaban unos a otros:
"¿Pues quién es?"
è La llegada de Jesús a Jerusalén supuso un estallido de fervor nacionalista popular que, como es lógico,
provocaría alarma a las autoridades civiles y a las autoridades religiosas. Pero la importancia de este
pasaje es la presentación de Jesús como una persona humilde.
2. Expulsión de los mercaderes del Templo. Mc 11, 15-19
Jesús al llegar a Jerusalén; entró al Templo y vio todo el negocio
que había entorno a la venta de corderos para la Pascua y
demás animales para los sacrificios.
De repente comenzó a echar fuera a los que vendían y a los
que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas
y los puestos de los vendedores de palomas y corderos. Y les
enseñaba, diciéndoles: “¿No está escrito: Mi Casa será llamada
Casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis
hecha una cueva de bandidos!”.
èLos sacerdotes ven en Jesús un peligro pues cuestionaba sus actuaciones y las criticaba duramente
como el “negocio” que había en el Templo. Los corderos y animales eran utilizados para los sacrificios y
vendidos con un precio muy elevado. Además, la moneda romana no podía entrar en el Templo por lo
que las monedas se cambiaban por una propia del Templo y así pagar el impuesto anual
3. El impuesto al César. Mt 22, 15-22
Jesús siguió enseñando en el Templo y uno de los fariseos le hizo una pregunta trampa: “Maestro, nosotros
sabemos que tú eres justo y que enseñas los verdaderos caminos de Dios. Así que dinos: ¿Es justo pagar el
impuesto a Cesar o no?”. Jesús le dijo: “Dame una moneda con la cual se paga el impuesto”. Ellos trajeron un
denario. Jesús preguntó: “¿De quién es la representación y la inscripción en ella?” El contestó: “Del Cesar.”
Entonces Jesús les dijo: “Dad al Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios”.
è Los fariseos esperaban que si Jesús contestaba que sí había que pagar impuestos, con esto Él mismo
creaba irritación entre el pueblo, pues los judíos odiaban a los romanos y se negaban a pagar los
impuestos a Roma. Y si Jesús contestaba que no había que pagar el impuesto al Cesar, en este caso
ellos inmediatamente lo culparían a los jefes romanos como alguien que incita a no pagar.
Apuntes de Religión 1o ESO IES Jiménez Montoya
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4. Lavatorio de los pies y última cena Jn 13, 1-28; Lc 22, 14-23.
Durante la cena pascual, Jesús se levantó de la mesa y
tomando una toalla se la ciñó a la cintura. Después echó
agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los
discípulos y a secárselos con la toalla. Al llegar a Pedro,
éste le dijo: "Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?" Jesús le
respondió: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo
comprenderás más tarde”. Pedro le contestó: "No me
lavarás los pies jamás." Jesús le respondió: "Si no te lavo,
no eres uno de mis discípulos”. Entonces Pedro le dijo:
"Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza".
Después, volvió a la mesa, y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el
Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también
debéis lavaros los pies unos a otros siguiendo mi ejemplo”.
è Era costumbre entre los judíos lavarse los pies al entrar en casa ya que iban en sandalias o descalzos
y los caminos eran de tierra. Además, era un signo de acogida cuando llegaba un invitado a una casa y
los criados le lavaban los pies. Pues bien, Jesús se hace siervo ante todos y con este gesto de humildad
y servicio deja claro que todo aquel que lo siga ha de ser como él.
Cuando estaban cenando les dijo: "Uno de vosotros que come conmigo me traicionará". Todos se asustaron,
y, entristecidos, le preguntaron uno tras otro: "¿Señor, soy yo? ¿Soy yo?" Jesús les dijo: "Será aquel que meta
su mano conmigo en el plato”. Jesús mojó el pan y se lo dio a Judas Iscariote. Entonces Jesús le dijo: "Lo que
vas a hacer hazlo pronto". Judas tomó el bocado y salió enseguida.
Mientras estaban sentados a la mesa, tomó Jesús pan y pronunció la acción de gracias. Luego lo partió y lo dio
a sus discípulos, diciendo: "Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo". A continuación, tomó el cáliz con vino, oró
sobre él, les dio a beber a todos y dijo: "¡He aquí la nueva alianza de Dios con vosotros! Esta es mi sangre que
será derramada por todos”. Seguidamente cantaron el himno de alabanza a Dios y salieron juntos al Monte de
los Olivos.
è El día antes de morir, Jesús reunió a todos sus discípulos para
celebrar una cena, la cena de la Pascua.
En la Fiesta de la Pascua, los judíos sacrificaban un cordero
recordando así la liberación de su pueblo esclavo en Egipto y
siguiendo las instrucciones de Moisés: matar un cordero, pintar las
puertas con su sangre y comérselo esa misma noche.
Pues bien, los discípulos siguiendo las instrucciones de Jesús, prepararon el cordero y lo hicieron
sacrificar en el Templo. Lo comerían juntos con lechugas silvestres, diversas clases de hierbas que
usaban como ensalada, una salsa, un preparado de higos, dátiles y granos de uva formando una pasta,
y rebanadas de pan ázimo, es decir, pan sin levadura. Los discípulos prepararon todo en una sala con
mesas y bancos acolchados, y al atardecer, cuando llegó la hora, Jesús se puso a la mesa y los apóstoles
con Él para celebrar la cena pascual.
Apuntes de Religión 1o ESO IES Jiménez Montoya
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5. Traición de Judas y oración en el Huerto de los Olivos
Los sacerdotes y los fariseos celebraron un consejo para ver
de qué modo podían apoderarse de Jesús y darle muerte. No
querían que coincidiese con la fiesta de la Pascua, para que el
pueblo que seguía entusiasmado a Jesús, no se amotinase
contra ellos. Judas Iscariote fue a verlos y les dijo: "¿Qué me
dais si os lo entrego?" Ellos se alegraron y le prometieron darle
treinta monedas de plata. Judas aceptó el trato.
Llegaron al huerto y caminó unos pasos, y, postrándose en
tierra, rogó que pasase aquella hora. Y clamó a Dios diciendo:
"Padre mío, todo te es posible. Haz que pase de mí este cáliz. Pero que se no haga mi voluntad sino la
tuya". Luego volvió a donde estaban los discípulos y los encontró profundamente dormidos. Los despertó y dijo:
"Pedro, ¿duermes? ¿No pudiste vigilar una hora conmigo?” Se marchó de nuevo, e invocó la ayuda de Dios
pidiéndole fuerza para cumplir su voluntad. Mt 14, 10-11
è Judas traiciona a Jesús porque está decepcionado con él. Judas, como zelota que fue, creía que Jesús
iba a expulsar a los romanos de Palestina y para ello utilizaría la violencia. Obviamente esto no ocurrió
y fue lo que le llevó a traicionarle. Por otro lado, Jesús en los momentos más difíciles de su vida está
solo, sus amigos se han quedado dormidos. El evangelista muestra a un Jesús asustado ante el temor
de que le ocurra algo grave. Jesús no quería morir pero sí que se hiciese la voluntad de Dios.
6. Prendimiento de Jesús. Mc. 14, 43-52
Al mismo tiempo, cuando estaba todavía hablando Jesús con
sus discípulos se agolpó en el huerto una gran multitud de
hombres armados con lanzas y espadas. Eran los enviados de
los fariseos y Judas, uno de los doce discípulos, estaba entre
ellos. Judas, el traidor les había advertido: "Aquel a quien yo
de un beso, ése es Jesús; sujetadlo y apresadlo. Esa será la
señal". Y adelantándose, se presentó rápidamente a Jesús y
le saludó diciendo: "¡Maestro!", y le dio un beso. Al instante le
echaron mano y lo tomaron preso.
En el atropello, Pedro sacó su espada para defender a Jesús por la fuerza. Arremetió contra los soldados de los
sacerdotes; y, dándole a uno en la cabeza, le cortó una oreja. Jesús les habló, diciéndoles: "Habéis venido aquí
armados hasta los dientes, como si fueseis a apresar a un asesino. He estado diariamente con vosotros en el
templo, predicando y enseñando, y no me habéis detenido." Después Jesús curó al soldado.
è Jesús durante su predicación fue muy pocas veces a Jerusalén, por tanto, las autoridades religiosas
no lo conocían físicamente. De ahí, que necesitaban a alguien que les indicaran quién era Jesús y dónde
estaba. Ese alguien sería Judas, la señal un beso y el lugar el Huerto de los Olivos pues era un lugar
donde los discípulos se solían reunir con su Maestro.
7. Jesús ante el Sanedrín.Mc. 14, 53-65
Esa misma noche llevaron preso a Jesús al Tribunal de Justicia
llamado Sanedrín, que era presidido por el Sumo Sacerdote
Caifás. Se reunió el consejo para iniciar el proceso. Querían acusar
a Jesús como malhechor y poder condenarlo a muerte. Para ello
necesitaban testigos. Y surgieron contra Él muchos impostores que
se pusieron a acusarle. Pero no era cierto lo que afirmaban, ni
podían demostrarlo por más que lo pretendían.
En esto, se levantó el sumo sacerdote, y poniéndose en medio de la asamblea, se dirigió a Jesús y le dijo en voz alta:
"¿Por qué no respondes a todas estas acusaciones?" Pero Jesús callaba y no decía ni una palabra. Y, permaneciendo
en pie, se dirigió otra vez a Él el sumo sacerdote, y le preguntó con voz fuerte: "¿Eres tú el Hijo de Dios?". Jesús dijo:
"¡Sí, lo soy! Y veréis al Hijo del hombre sentarse al lado derecho de Dios, en el trono de honor, y venir con las nubes
del cielo". Entonces Caifás, rasgando sus vestiduras en señal de espanto, exclamó: "¡Esto es una blasfemia contra
Dios! No necesitamos más testigos. Todos vosotros la habéis oído. Un simple hombre, afirma ser Hijo de Dios”. Y
todos lo condenaron a muerte. Algunos comenzaron enseguida a escupirle, a insultarle, y a darle puñetazo.
Apuntes de Religión 1o ESO IES Pedro Jiménez Montoya
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è El Sanedrín era una especie de tribunal de justicia compuesto por 71 miembros y presidido por el Sumo
Sacerdote. Los romanos dieron ciertos privilegios a los judíos, entre ellos la creación de este cuerpo de
ancianos judíos para regular asuntos internos de los propios judíos aunque no podían firmar sentencias de
muerte. Este privilegio estaba reservado para la autoridad romana. Jesús será condenado como blasfemo
por afirmar que era el hijo de Dios, en aquella época esto era muy grave.
8. Negación de Pedro. Mc. 14, 66-72
Pedro estaba abajo en el patio. En esto, una de las siervas del Sumo
Sacerdote pasó por donde estaba sentado Pedro calentándose, y al
verlo, lo miró detenidamente y lo reconoció. "Tú también
acompañabas a ese Jesús de Nazaret", le dijo. Pero Pedro mintió
por miedo a que a él también lo condenasen a muerte diciendo: "No
lo conozco. No sé absolutamente de qué hablas". Y salió fuera del
patio. Entonces oyó cantar un gallo.
La criada no dejaba de observarlo, y prosiguió diciendo a los que
estaban allí: "Éste es realmente uno de sus discípulos". Pero Pedro
protestó: "¡No es cierto!", negándolo por segunda vez. Al poco rato empezaron los demás a decir lo mismo: "¡Claro,
tiene razón! Se te nota en el habla. Eres galileo, como Él". Pedro empezó a gritar: "¡No me importa nada este hombre!”.
Y, de puro miedo, comenzó a negar a Jesús cada vez con más insistencia: "¡Juro que no conozco a ese Jesús! ¡No soy
de los suyos!". En aquel momento cantó el gallo por segunda vez. Y Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho:
"Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres." Y muy avergonzado rompió a llorar.
è Pedro, pese a ser amigo y discípulo de Jesús, tiene miedo y por este motivo niega en tres ocasiones haber
conocido a Jesús.
9. Jesús ante Pilatos Mc. 15, 1-20
A la mañana siguiente muy temprano, el Sumo Sacerdote y los
fariseos entregaron a Jesús al gobernador romano Pilatos pues
los judíos no podían condenar a muerte a nadie sin el permiso
de los romanos. Y le dijeron: "Es un revolucionario que amotina
a la gente, prohibiendo pagar el impuesto al César y se ha
proclamado rey de los judíos”.
Por eso Pilatos le preguntó: "¿Eres Tú el rey de los judíos?"
.Y Jesús respondió: "¡Sí, lo soy!". A todas las demás
acusaciones que dijeron los sacerdotes, no contestó.
Entonces preguntó Pilatos: "¿No respondes nada a tanta acusación? ¿No quieres defenderte como otros presos?".
Pero Jesús callaba.
è Los sacerdotes llevaron a Jesús ante Pilatos y lo acusaron de ser un “cabecilla” rebelde contra Roma, pues
se negaba a pagar impuestos al César y se había proclamado rey de los judíos. Ante estas acusaciones tan
graves, Pilatos tuvo que condenar a muerte a Jesús aplicando la ley romana sobre traición con fines
políticos. No obstante, Pilatos pretendía soltar a Jesús ofreciendo al pueblo la posibilidad de dejar libre a
Barrabás, un zelota, o a Jesús, su profeta. Y también aplicando un ejemplar castigo azotándolo como
advertencia para que no se volviera a cometer el mismo delito.
10. Jesús vs Barrabas
Pilatos tenía la costumbre de poner en libertad por Pascua a uno de los presos judíos. Había un preso llamado
Barrabás, acusado de matar a un soldado romano. Pilatos presentó a Jesús y a este asesino, y la gente aconsejada
por los fariseos gritaron: "¡Suéltanos a Barrabás!". Pilatos entonces preguntó: "¿Qué debo hacer con el que vosotros
llamáis rey de los judíos?", "¡Crucifícalo!", gritaba aquella multitud delante del palacio. "Pues ¿qué mal ha hecho?",
volvió a insistirles. Pero ellos, animados por los sacerdotes, gritaban: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Entonces Pilatos
decidió hacer la voluntad del pueblo y liberó a Barrabás. Después mandó desnudar a Jesús y azotarlo con látigos
como se hacía con todos los malhechores antes de llevarlos al lugar del suplicio. Al final lo condenó a morir en la cruz.
En ese momento Pilatos se lavó las manos ante todo el pueblo.
Apuntes de Religión 1o ESO IES Pedro Jiménez Montoya
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11. Muerte de Judas Mt. 27, 3-7
Cuando Judas supo que Jesús lo habían condenado a muerte. Fue donde estaban los sacerdotes y les devolvió las
treinta monedas de plata diciéndoles: "Yo pequé entregando la sangre de un inocente”. Ellos le dijeron: "¿Qué nos
importa eso? Allá tú”. Judas tiró las monedas de plata en el Templo y salió. Luego fue y se ahorcó. Los sacerdotes,
tomando las monedas de plata, compraron con este dinero una parcela de tierra para el entierro de extranjeros.
12. La crucifixión. Mc. 15, 21-32
Pilatos entregó a Jesús a los soldados para que hiciesen con Él lo que quisiesen. Lo condujeron dentro del pretorio
(palacio de Herodes), congregaron a todo el cuerpo de guardia de los soldados, y empezaron a divertirse a su costa
dirigiéndole mil burlas. Lo cubrieron con un manto rojo de soldado, como si fuese el manto púrpura de un rey.
Trenzaron una corona de espinas y se las pusieron alrededor de
la frente como corona, en señal de burla. Luego lo saludaban
como si fuese un jefe supremo, a quien debieran obediencia, y
gritaban:"¡Salve, rey de los judíos!" Le pusieron un bastón en la
mano como un cetro. Y arrebatándoselo, le golpeaban con él la
cabeza, y le escupían. Luego doblaban la rodilla, y, postrándose
ante Él, fingían adorarlo.
Seguidamente los soldados lo sacaron fuera para llevarlo a
ajusticiar. Jesús llevó la cruz sobre sus hombros pero estaba tan
agotado por todo lo que había tenido que sufrir que los soldados
obligaron a un tal Simón de Cirene, a llevar la cruz de Jesús.
A Jesús lo condujeron atado al monte Gólgota, que quiere decir lugar de la calavera. Los soldados, lo despojaron de
sus vestiduras y lo clavaron en la cruz. Repartieron sus vestidos y los sortearon a los dados para ver qué tocaba.
Era la una de la tarde cuando lo crucificaron. Sobre su cabeza había un letrero con la causa de su muerte. La inscripción
decía así: Jesús Nazareno Rey de los judíos. Junto con Él crucificaron a dos ladrones, los que pasaban por allí le
insultaban, diciendo: "¡Avergüénzate!". Y, riéndose, le decían: "¡Baja, baja! ¡Demuestra ahora tu poder!".
è Los soldados se burlaron de que Jesús era un rey colocándole un manto de color púrpura pues era la prenda
que utilizaban los emperadores y una corona de espinas en alusión a la realeza.
è Los romanos realizaban las crucifixiones fuera de las ciudades, pero los condenados llevaban la cruz por las
calles más transitadas para que todo el mundo supiera el castigo que aplicaba Roma a los malhechores.
è De camino se encontró a un tal Simón procedente de una ciudad del norte del África llamada Cirene. Tal
vez estaba en Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua y es forzado a llevar la cruz.
è Jesús fue crucificado entre dos ladrones conocidos por la tradición como Dimas y Gestas.
13. Muerte de Jesús. Mc. 15, 33-41
Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre, María de Cleofás (hermana de
su madre) y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo
preferido (Juan), dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dijo al
discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquel momento el discípulo se la llevó
con él. Sobre las tres, gritó Jesús desde la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?".
Jesús, al momento dijo: “Tengo sed”, y uno de ellos, untando una esponja en
vinagre, la puso en una caña larga y se la acerco para que bebiese de ella, pero no
probó ni gota. Después gritó: “Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen”, y “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Eran cerca de las tres de la tarde, cuando Jesús dijo “Todo se ha consumado”, moría en la cruz. Como señal de que
era Hijo de Dios, el velo del templo se rasgó de arriba abajo en dos trozos. El centurión romano, conocido como
Longinos, que hacía la guardia y estaba allí de pie, precisamente frente a la cruz, al ver que ocurrían tales cosas en
la muerte de Jesús, exclamó: "¡Verdaderamente, éste era Hijo de Dios!".
è Por lo general los crucificados eran clavado en la cruz por las muñecas y tobillos. Los clavos a través de la
palma de la mano no habrían soportado el peso, a menos que los brazos hubieran estado atados.
Tras la muerte de Jesús la tierra templó, el cielo se oscureció y el terremoto abrió el velo del Templo. Esta
tela separaba el lugar más sagrado del. Este hecho simboliza que Dios es accesible a todo el mundo.
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14. Sepultura de Jesús. Mc. 15, 42-47
Al atardecer, fue José de Arimatea ante Pilatos y le pidió
permiso para tomar de la cruz el cadáver de Jesús y ponerlo
en el sepulcro. Debía hacerse pronto, pues el día siguiente
era sábado (día de descanso). Pilatos se sorprendió de que
el crucificado ya hubiese muerto. Entonces entregó a José el
cuerpo de Jesús. Y José compró un gran paño de lino de
mucho valor y tomando el cuerpo de la cruz lo envolvió en él
cubriéndolo totalmente con esta sábana.
José de Arimatea poseía un sepulcro de piedra, labrado en una roca de modo que se podía entrar y andar por dentro.
Ante tales sepulcros solía colocarse una piedra movediza a modo de puerta. Depositó el cadáver en aquel sepulcro, y
luego cerró con la piedra la entrada.
è Aunque la costumbre romana establecía que las víctimas de la crucifixión permanecían en las cruces a
merced de los pájaros carroñeros, la ley judía (Dt. 21, 22) estipulaba que el cadáver de un criminal ajusticiado
debía enterrarse antes del anochecer. Y en el caso de Jesús el anochecer de ese día marcaba el comienzo del
sábado y además el comienzo de la Pascua. El cuerpo es dado a José de Arimatea, un hombre rico, miembro
del Sanedrín y discípulo secreto de Jesús.
15. La resurrección y la incredulidad de Santo Tomás Mc. 16, 1-18
Al tercer día, tres mujeres, las dos que habían estado presentes en el entierro y Salomé, compraron todo lo necesario
y se dirigieron muy de madrugada a ungir y limpiar el cuerpo de Jesús con óleo (aceite) y bálsamo (perfume), como
era costumbre en los entierros. El sábado, día de riguroso descanso, había pasado ya y comenzaba el primer día de la
semana (domingo). Entraron en el sepulcro, y vieron dentro, a la derecha, a un joven sentado, que llevaba largas
vestiduras; ellas se asustaron. Él les habló diciéndoles: "¡No os asustéis! Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado.
Ha resucitado. No está aquí. Id y decid a sus discípulos y a Pedro que Jesús ha resucitado”. Las mujeres corrieron
huyendo del sepulcro, sobrecogidas de temblor y espanto.
Jesús se apareció a los apóstoles cuando se encontraban reunidos
junto a su Madre. Faltaba Tomás y cuando le contaron lo que había
sucedido el no creyó y afirmó: “Hasta que no meta mis dedos sobre sus
llagas y mi mano en su costado no creeré”. Por segunda vez se les
apareció y en esta ocasión se encontraba Tomás con ellos. Para
convencerse de la resurrección, Jesús le dijo: “Tomás, mete tus dedos
en las llagas y a partir de ahora no seas incrédulo sino creyente”.
Jn. 20, 24-29
è Todos los evangelistas se esfuerzan por recalcar que el sepulcro está vacío y que los discípulos no vieron
un espíritu incorpóreo sino una persona física. De hecho, Tomás metió sus dedos en sus llagas. También es
verdad, que los discípulos les cuesta en un primer momento creer lo que está ocurriendo, y prueba de ello es
que consideraron “un delirio” el testimonio de las mujeres. No obstante, las narraciones de los evangelios
dan fe de la creencia de que Jesús está vivo.
16. Los discípulos de Emaús. Mc. 24, 13-35
El mismo día que las mujeres habían estado en el sepulcro vacío, iban dos
de los discípulos a Emaús, una aldea que estaba a dos horas de camino
de Jerusalén. Probablemente habían ido a celebrar la Pascua, y ahora
regresaban a casa, tristes y abatidos. Hablaban de cómo Jesús había sido
apresado, crucificado y puesto en el sepulcro. Y, mientras dialogaban
sobre la decepción que habían sufrido acerca de Él, de repente se les
acercó Jesús, caminando en su compañía. Venía como un peregrino de
los que volvían de Jerusalén, pero ellos no sabían que era Jesús, y no
lo reconocieron. Él les preguntó: "¿De qué habláis en el camino? ¿Qué
os entristece tanto?" Ellos se extrañaron mucho; y uno de ellos, llamado
Cleofás, le dijo: "¿Eres Tú el único forastero de Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días?"
Él preguntó: "Pues ¿qué ha sucedido?" Y los discípulos le contaron todo lo ocurrido. Mientras, Jesús le fue hablando
de cómo las Escrituras hablaban de este hombre. Al llegar al pueblo, los discípulos invitaron al forastero para que
cenaran con ellos. Y estando cenando con ellos, Jesús tomó el pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio
a ellos. De repente se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Y en aquel instante desapareció Jesús.
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